Tres preguntas disparadoras que me hicieron respecto de la salud/enfermedad bastaron para que cambiara por completo mi percepción sobre este tema:

  • ¿Cuáles son tus creencias limitantes respecto de la salud?
  • ¿En manos de quién está tu salud hoy en día?
  • ¿Cuál es el beneficio oculto detrás de tu malestar/enfermedad?

    Al responderlas me di cuenta de que estaba otorgándole todo mi poder a “un otro” para que se ocupara de reestablecer mi salud, cuando la responsabilidad es 100 por ciento mía. Solo un instante de conciencia me alcanzó para recuperar mi poder.

    Sin darme cuenta fui almacenando creencias limitantes en torno a la salud: la propensión genética (la probabilidad de con- traer la misma enfermedad que alguno de mis ancestros), el desgaste físico inevitable a medida que envejecemos y el conta- gio casi obligado del virus del amiguito del colegio de mis hijos.

    Cada cosa que nos dicen y aceptamos como verdad absolu- ta nos programa para la enfermedad, cuando la única realidad es que fuimos diseñados para la salud. La enfermedad no es ni más ni menos que un programa de carencia que validamos in- dividual y colectivamente. Podemos cambiar ese patrón dentro nuestro. Podemos activar salud y recuperar la abundancia que merecemos por el solo hecho de ser humanos.

    Lo primero que tenemos que hacer es aceptar que tenemos creencias limitantes (que confundimos con verdades absolutas) y hacernos responsables de nuestro malestar. Entender que encie- rra beneficios ocultos. Muchas veces es la única forma que encon- tramos (inconsciente) de llamar la atención, de parar con nuestras tareas cotidianas, de priorizarnos o de pedir un poco de amor.

    Este primer paso nos saca del victimismo y nos ayuda a en- tender que somos más fuertes que la enfermedad y que, así como la aceptamos en nuestra vida, podemos eliminarla por completo. Es nuestra propia conciencia la que restaura nuestro orden interno y nos permite identificar los hábitos autodestruc- tivos o de falta de cuidado personal.

    Luego, nos toca confiar en nosotros mismos. Contamos con la sabiduría, con la capacidad de escucha y con la habilidad de autoobservación necesarias para saber qué necesitamos elegir para gozar de vitalidad. No tengamos miedo a sentir los mensa- jes de nuestro cuerpo y de nuestras emociones. Dejemos que ellos nos guíen y nos ayuden a poner límites sanos y a priorizar- nos. Vivir en armonía con nuestro cuerpo y con nuestras necesi- dades esenciales es vital para vivir en salud mental, emocional, física y espiritual.

    Mi miopía de años se disolvió casi por completo el día que decidí reprogramar mi visión. Por muchos años dependí de mis anteojos y un día dije basta. Fui profundo dentro de mí misma, me conecté con mi cuerpo y con el mensaje que se ocultaba detrás de la falta de visión. Acepté los miedos que me reflejaba, me hice responsable de la creación de esa realidad y decreté que, así como la había necesitado en un momento de mi vida, ya no era necesario que me siguiera acompañando. Quince días des- pués tiré los anteojos a la basura y me liberé de esa limitación.

    ¿Estás listo para disfrutar de tu salud vos también? ¿Querés dejar de convivir con el dolor? ¿Te animás a descubrir qué existe más allá del mal-estar?

    Por Elena de la Llana

    Facilitadora de reprogramación energética 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Check Also

Suplementos nutricionales: ¿sí o no?

Por Lic. Paola Moskovic – Nutricionista U.B.A (Mat. 3507). Especialista en Nutrición…