Conocer a Fede es toparse con una gran persona. Llegar a su casa en Villanueva, una casa de madera y techos de chapa al borde de una laguna, conocer la historia de su colección de cascos y sus recuerdos personales es tener un recorrido en una especie de museo privado. Se nota la elección estética por donde quiera que vayamos.

Además, ver su pasión reflejada en sus hijos nos habla de una de las cosas más fuertes a la que todo padre puede aspirar: el hecho de transmitir un legado.

Nos abrió la puerta del lugar más preciado de su hogar: su garaje, donde pasa horas junto con su familia y sus amigos compartiendo momentos inolvidables, para contarnos y hacer un breve racconto de su historia de vida.

¿Cuál es tu relación con el mundo de las motos?

Las motos son parte de mi vida. Desde chico me crie en un mundo relacionado con los autos y las motos. Mi familia tenía concesionarias y taller, brindaban servicio a Fiat/Peugeot y eran importadores de las marcas Triumph y Vanguard. Mi abuelo, que me llevaba todos los días al colegio desde Recoleta a Belgrano, me dejaba muchas veces en el taller a mitad de camino en Palermo y me pasaba todo el día ahí con él. Mi tío era una especie de Mc Gyver. De hecho, es él quien me reparó una moto de policía de juguete que rescatamos de la basura cuando yo tenía 6 años. Con plásticos y mucha maña, logró repararla y hacerla funcionar. Esa fue mi primera moto y desencadenó una pasión que nunca más se detuvo.

¿Cómo llegaste al diseño gráfico?

A mí me gustaba dibujar. Lo hacía desde chico. Cuando terminé el colegio, lo más parecido a dibujar era Arquitectura y me mandé a estudiar eso. Pasé por la UBA, luego por la UB, y cuando estaba en tercer o cuarto año de la carrera, sentía que la construcción no era para mí. Un gran amigo, el Chino, me comentó sobre la carrera de Diseño Gráfico. Ahí se abrió un mundo impresionante para mí. Empecé a estudiar inmediatamente.

Fue justo la época en que se intensificaba el uso de las computadoras para ese tipo de trabajos…

Claro. Cuando pude comprender el alcance que tenía el diseño con el uso de la PC me apasioné. Mi madre y su pareja estaban muy relacionados con el mundo de la publicidad y las relaciones públicas. Siempre me decían: “¿Cuándo vas a venir a trabajar en la agencia?”. Mi respuesta siempre fue contundente: “Nunca. Yo soy parte de las generaciones que vamos a destruir a las agencias. Somos la generación de los independientes”.

¿Cómo sintetizarías tu pasión por el diseño?

Una de las cosas que me cambió la vida fue algo que me dijo un amigo que fue mi mentor en el diseño gráfico. El día que ves el equilibrio, los colores, los balances y demás cosas en todo orden de la vida podés decir que sos diseñador. Yo veo el mundo a través de los ojos del diseño. Es una pasión que descubrí y que me encantó desde el primer día. Cuando veo un cartel en la vía pública o una señal de tránsito, por ejemplo, automáticamente analizo la imagen sin preocuparme por entender el mensaje que me quisieron dar.

¿Cuándo comenzaste a trabajar con el diseño?

Abrí mi estudio de diseño en Martínez en la zona de las caballerizas, entre 2001 y 2002. En ese momento tenía cuatro o cinco personas a cargo que trabajaban en la dirección de las ideas que les bajaba. Mi estudio tenía mi carga, impronta, motos y recuerdos. En síntesis, mi historia de vida. Siempre quise mantenerlo muy personal y no empresarial; es lo que a mí me gustaría o elegiría si estuviera en el lugar del cliente.

¿Cómo comenzó esa relación de colaboración?

Yo trabajaba a dos cuadras de Dardo Rocha, en San Isidro. En los mediodías, compartíamos almuerzos con Federico Bonomi (Kosiuko), hablábamos sobre fierros. Yo venía de haber creado y formado el Club de motonetas picantes, un club básicamente de Gileras antiguas, que se juntaba en el bajo de San Isidro. Un día me invitan al lanzamiento de Herencia Argentina, aproximadamente en 2009. Durante el evento, Bonomi me consultó mi opinión sobre el lanzamiento y no pude callarme. En ese momento la cara de la marca era Juan Cruz Bordeu. A los cuatro o cinco meses me llamó para que nos juntáramos a almorzar y decirme: “Te doy las llaves de herencia. Manejalo vos. ¿Qué harías?”.

¿Y qué le respondiste?

Le sugerí formar una especie de alianza colaborativa junto al Club de motonetas picantes, porque nosotros en ese momento éramos un club de gente totalmente opuesta a lo que significaba un club de motos o autos y con una identidad muy fuerte. Así comenzó el vínculo con Herencia, que me permitió expandir todos los horizontes. Empezamos con la renovación de la imagen de la marca junto con mi empresa de diseño Cubik para luego empezar con la fabricación de motos personalizadas para lo que, posteriormente, sería Herencia Custom Garage y Herencia Motor company.

¿Cuál fue el alcance que te permitió trabajar en conjunto con ellos?

Fue toda una movida enorme la que se generó al respecto. Íbamos a subastas por distintos lugares de nuestro país buscando motos y materiales para formar la identidad de los locales. Uno de los trabajos que surgió fue pintar alrededor de cincuenta cascos para las vidrieras. Realicé un par de diseños y luego me recomendaron a una persona para hacer los trabajos de pinstriping para esos. Gracias a ese trabajo conocí a Germán Karp, la otra parte fundamental del taller para la creación de motos. Por eso lo llegué a conocer y forjamos una amistad que se tornó en algo mucho más fuerte: nos entendemos y complementamos 100 por ciento en el trabajo. Germán es un hermano para mí.

¿Y a partir de allí se abrieron muchas posibilidades?

Sí, hice contacto y conocí muchísimos amigos dentro de toda esta movida. Tanto a nivel local como internacional. Junto con Herencia comencé también con algo que nunca había hecho. Las travesías en moto recorriendo el país llegaron a mi vida también en esa época. Soy muy agradecido de poder trabajar con ellos, ya que nos potenciamos completamente.

¿Y a nivel internacional?

En conjunto, los trabajos que creamos con Germán empezaron a resonar en todo el mundo de las motos personalizadas. En 2010 éramos muy pocos a nivel mundial quienes hacíamos estos trabajos y nos comunicábamos todos a través de Facebook, poniéndonos a la par de las grandes marcas internacionales, como Deus ex Machina o de personalidades como Winston Yeh, de Rough Crafts, El Solitario de España, de quien nos hicimos grandes amigos. Somos parte del Wheel and Waves y grandes amigos de los organizadores de toda esa movida. Hace ya cuatro años que preparamos motos para subirlas al avión y llevarlas a Francia a correr en los mejores eventos que existen.

¿Sentís que alcanzaste el éxito?

No pienso en la palabra éxito. Soy un tipo que pone mucho empeño en realizar sus sueños. Cada vez que logro algo que me propuse, me da más ganas de seguir con algo nuevo.

¿Cuántas motos construyeron?

Llevamos construidas unas cien motos. Cada una con su estilo personalizado y su impronta particular. Es un orgullo ser reconocidos entre los grandes constructores de motos a nivel mundial. Nuestros trabajos han sido también reconocidos varias veces en portales como Bike Exif, entre otros.

¿Cómo fue que decidiste ubicarte en la zona de Villanueva?

Yo vivía en Martínez con mi mujer. Cuando nació nuestro primer hijo, Cristo, decidimos construir la casa que siempre soñamos. Teníamos en mente construir una casa realizada íntegramente en madera, frente a una laguna. Era prioritario que fuese un lugar donde nuestros hijos pudieran tener libertad a la hora de criarse en la primera etapa de sus vidas. Pasear libremente por el barrio, andar en bicicleta y manejarse con total libertad.

¿Qué está faltando en la zona, según tu opinión?

A muchos de los que vivimos acá nos gustan las motos y los autos vintage. Encontrar una actividad que podamos hacer bajo esa temática y con nuestros hijos es algo que hoy falta, que más allá de un deporte nos permita compartir tiempo y transmitir pasiones.

¿Qué le recomendarías a alguien que tiene ganas de empezar en el mundo de las motos customizadas?

Que lo tome en serio. Que haga cursos de mecánica para entender el uso y funcionamiento de las motos. Que aprenda el uso de las máquinas y herramientas para optimizar tiempo y no lastimarse. Es fundamental que le ponga mucha pasión como en cualquier otra cosa que decida hacer en esta vida. Hay un gran lugar en el bajo San Isidro para empezar seriamente, que se llama Fundación Lory Barra. Los recomiendo plenamente.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

Estoy trabajando en el armado de un óvalo de tierra para desarrollar el Dirt Track en Benavídez. Una disciplina muy divertida y de poco riesgo dentro de los deportes en moto. Participé en carreras amateurs en Francia y quedé muy enganchado con la idea de hacerlo crecer acá. Comparto hace ocho años la tradición familiar de los autos antiguos y las motos con mis hijos, a modo deportivo, llevándolos a entrenarse en motocross y enseñándoles a respetarlas. Para mí es fundamental que aprendan a usarlas desde pequeños, porque en casa siempre va a haber motos. También armamos un chat de padres donde coordinamos y llevamos siempre a nuestros chicos todos juntos a andar en el circuito Millenium, que está detrás de la Policía de Benavídez, sobre la Ruta 27. Es algo que disfruto mucho y tengo la sensación de que es el punto de partida de algo muy grande.

Por Pablo Simonetti

CONTACTO:

Federico Lozada

@fedecubik

@cubikgraphicstudio

@herenciamotorcompany

@custommotorace

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