“Saber envejecer es la obra maestra de la vida, y una de las cosas más difíciles en el arte dificilísimo de la vida”.   Amiel

Si bien para algunos significa una catástrofe menor, dudo que ese cielo de tormenta no asuste a la mayoría. 

Son innumerables las razones para amedrentarnos: necesitamos varios anteojos diferentes, ya no es tan fácil adelgazar, la sequedad avanza más allá del clima, el cuerpo arde distinto y algunas tareas nos colapsan en tedio (es que hicimos tanto). 

Los pendientes se despertaron insomnes para no volver a su tumba y no tener ganas de ‘más de lo mismo’ cobró vida. 

No voy a negar estos escollos pero sí voy a asentar que:

* Me siento mucho más contenta que cinco años atrás.

* Más ágil que hace veinte (aunque mis meñiscos no estén enteros y un dedo sea de metal).

* Más a gusto con mi cuerpo que hace treinta.

Se gastan fortunas para corromper los surcos que marcan el paso de la propia historia idolatrando así la cosmética del no afrontarse, ¿Para qué extender los ciclos?

Hoy quiero remarcar la sabiduría que crecer nos pone en bandeja:

* No queremos más hombres que nos resten ni amigas desleales (números que no se actualizan al igual que la revolución hormonal).

Aprendimos a reconocer la intención de una mirada.

Por eso nos quieren: es que somos un tesoro liberado de nuestra propia tirana; alhajas que hacemos relucir el valor que tiene el paso del tiempo, viviendo hoy. Y amando como si no fuéramos a existir mañana.

DESTERREMOS LOS MITOS

* Podés estar en excelente estado físico no importa la edad que tengas, pero ponete las pilas.

* La grasa se va a mal distribuir si te abandonás y no será diferente a lo que te vino sucediendo hasta ahora, pero cuidate mejor y no te aglotones.

* Dejá de fumar: no siempre se vuelve de un infarto.

* Hacé lo que haga falta para saldar tus pendientes y cosmetizate con ello.

Una cara nueva, uniformar tu expresión, modelarte con siliconas: no cambiará tu historia. Deslizarte en pos de la transpiración y el agradecimiento sí.

Nadie hará valer tus penas ni va a apreciarte cuando vos no lo hacés.

Terminá de tildar los casilleros que te friccionan las heridas y pasá a lo que verdadera falta te hace. Es hora de aprender que no en todos los lugares nos van amar como creemos merecer.

Sabemos que en los momentos cruciales de la vida nos la jugamos en soledad, pero ese fantasma ya no nos asusta.

“El joven conoce las reglas pero el viejo las excepciones.”

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