Por la Licenciada Sandra Ojman

Cuántas veces las mujeres que fuimos mamás y trabajábamos a una hora de nuestros domicilios soñábamos con acceder al home office. Poder estar en casa, acompañar a los chicos, hacer el pool en los recreos del trabajo, evitar colas, peajes, rutas atoradas de tránsito y la posibilidad de atender las llamadas del colegio cuando nos buscan por un dolor de cabeza o de panza de alguno de nuestros hijos.

¡Liberarnos de las ataduras de horarios, y por qué no de la ropa formal de trabajo! Idealizamos esa posibilidad y cuando se nos presentó la oportunidad del gran cambio, fuimos a por ello. Y nos sumergimos en el mundo del home working. Y así nos vimos disfrutando de poder trabajar en pijama, caminar por la casa, tomarnos el café a la hora y en el momento deseado, y acompañar a nuestros hijos en su crecimiento.

No sabría decir exactamente cómo se produce esa transformación, pero de a poco empezamos a notar que no somos tan productivas, que encontrar en casa el silencio y la concentración no resulta fácil. Que de a poco quienes viven con nosotros se olvidan de que estamos trabajando desde casa y se desentienden paulatinamente de algunas tareas o responsabilidades antes compartidas. ¡Total, vos ya estás!

El trabajo empieza de a poco a no tener horario de inicio y cierre de la jornada. Timbres, mascotas, amiguitos, almuerzos y una serie de programas que antes eran armados especialmente se filtran en la rutina. Ya no nos vestimos para salir de casa, y si de una videoconferencia se trata, con maquillarnos y cambiarnos la blusa el tema está solucionado.

Poco a poco, esto no nos da ni toda la satisfacción ni toda la comodidad que buscábamos o idealizábamos. Nos vamos a un café a ver si la musa inspiradora, la concentración para un informe o aquella idea que buscamos decide hacer acto de presencia. No estamos tan cómodas como creíamos y los espacios de trabajo y vida familiar se mezclan y confunden cada vez más.

Por suerte, hoy existen numerosas propuestas para buscar un espacio propio, sin alejarte mucho de tu entorno. Los espacios de coworking o networking son una combinación interesante para resolver esta necesidad de tiempo, espacio y cercanía. Por horas, algunos días, todos los días, tal como lo necesites o desees.

En estos espacios de trabajo que ofrecen tanta flexibilidad, de a poco percibís que aumenta la producción, estás en contacto con otras profesiones, aprendés y te relacionás, dejás el pijama y trabajás mejor y estás mejor al llegar a casa.

No solo son para mujeres, pero sí es cierto que nosotras tendemos más a buscar un modelo que nos permita trabajar y no sentir que nos alejamos tanto de nuestra necesidad de acompañar a la familia, sobre todo cuando los chicos aún son muy pequeños y las distancias para quienes vivimos en la zona son un obstáculo adicional. 

Dejemos de sentirnos mal por no poder trabajar desde casa como creíamos que era posible. En todo el mundo hoy está puesto en duda que tenga tantos beneficios como se creía. Aleja, encierra, evita las relaciones entre los sujetos, no nos facilita el networking y solo nos limita al contacto virtual. Al comienzo surgió como un dulce complemento en las empresas para dar un beneficio a sus empleados, y creo que sigue siendo válido cuando no es un modelo exclusivo y excluyente.

Lo importante es permitirnos distinguir y probar qué o cuál alternativa nos resulta más conveniente y confortable a nuestro modo de vida y de trabajo.

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