Por Eduardo Roberto Cossavella – Médico MN 44.836

Cinco siglos antes de Cristo, Hygeia, que era la diosa griega de la salud, habitaba metafóricamente cinco casas:

• la de la alimentación;
• la del ejercicio físico;
• la del amor;
• la del lugar en el mundo;

• la del trabajo.

En la realidad de hoy, el escenario de esas cinco casas es nuestro cuerpo. Ustedes podrán ser sedentarios, pelearse con sus seres queridos, vivir donde no les gusta y trabajar a desgano, pero lo que no podrán hacer es dejar de comer. Entrarán en inanición y morirán. Por eso la casa de la alimentación es la primera.

Cada vez más, en las sociedades industrializadas, mucha gente come de un modo desordenado, dañino, apurado e irracional, y termina por sufrir gran variedad de síntomas. Por eso muchos están comenzando a preguntarse: ¿cuál sería la mejor forma de comer? Dado que comer no es lo mismo que nutrirse, la mejor respuesta que tengo después de 45 años de médico y psicoterapeuta es: la alimentación consciente. Esto significa saber con qué, cuándo y cómo nutrirse. Y aquí viene la diferencia decisiva: comer es el hecho cultural, que consiste en colocar comida en la boca y tragarla (esto ha dado pie a la gastronomía universal); nutrirse, en cambio, es el hecho biológico que consiste en transformar lo que se ha tragado en células y secreciones.

Para disfrutar de la salud no alcanza con alimentarse conscientemente. Las otras casas también tienen que funcionar bien. Es obvio que si alguien vive en un lugar que no le gusta y come bien, la va a pasar mejor que otro que también vive en un lugar que no le gusta pero come mal. Lo mismo puede aplicarse al amor o al trabajo.

De la integración de estas cinco casas saldrá la “ecuación personal”, cuyo resultado nos acercará o nos alejará de la definición de la Organización Mundial de la Salud: “Una persona sana es aquella que, estando libre de síntomas, ama y trabaja eficazmente”.

No hay que ir muy lejos para encontrar cansancio, sobrepeso, obesidad, dolores de cabeza, alergias, acidez, hipertensión, osteoporosis, aumento del colesterol, diabetes tipo 2 o ataques de pánico. Ni hablar de los ancianos, quienes suelen consumir entre cuatro y ocho pastillas por día.

Muchas de las respuestas para solucionar estas cuestiones las tiene el Higienismo, que es la rama de la ciencia que estudia cómo combinar los alimentos según la fisiología de nuestro aparato digestivo. Tomando su nombre de Hygeia y ocupándose de las cinco casas, responde a la “ley biológica del menor esfuerzo”. Su lógica es impecable y sus resultados, sorprendentes.

No piensen en “dietas” ni en “recetas”, piensen en un camino diferente en el cual, al modificar la alimentación, la vida se orientará hacia el orden y el amor.

Experimentar que el movimiento, las relaciones amorosas correspondidas, el lugar en el mundo visto como la “madriguera segura” a la que queremos volver y el trabajo orientado no solo al dinero, sino a los deseos vocacionales más profundos, son compañeros inseparables de la alimentación consciente, será experimentar lo que significa “estar sano”.

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