Por Mate Ayerza

La flexibilidad es una actitud. Comienza con la decisión de conquistarnos. Ampliar la capacidad intelectual, no perderse en la conciencia crítica ni juzgar al otro. Profundizar la mirada. Diferenciar lo que nos acerca o aleja de otros seres. Aceptar desafíos potentes sin quejarse: podemos resolverlo. Dar pasos. Luego subir escalones. Seguir luchando para mantener la identidad sin prostituirse en cobardía o abandono. No colapsar en acomodo o frivolidad para tener una vida fácil. No ponernos límites.

Nunca como todo lo que quiero: elijo quedarme con las ganas. A los veinte minutos (que es lo que tarda la orden de saciedad en llegar al estómago) afloja esa sensación de insatisfacción. Lo que sobra molesta, el estómago lleno trae pesadumbre y sueño. Hay una ética con relación a medirse o aglotonarse. Comer desmedidamente es una adicción más para tapar el dolor.

Tomá agua y ejercitate, tu cuerpo te lo va a agradecer.

Movete como sea.

¿Y si te decidís a convertir la ansiedad en la nafta que tu proyecto necesita? Hay un abismo que se extiende entre vos y tu voluntad. Con la gordura emocional pasa igual: hablar de más, permitirse todo. Los dos planos conviven.

El pudor irrumpe donde aparece la fealdad.

Lo que nos pasa seguido es lo que generamos; hay algo en cómo me planto que provoca tal respuesta. Busquemos adentro, lo demás nos es ajeno.

Admitir la parcialidad con la que podemos enfrentar el presente es mucho. Obligarnos a extasiar del instante cuando no podemos no resultaría; negar que son irreemplazables los rayos del sol sería pecar.

La sensatez es gris y aburrida pero tiene que estar presente.

Tener buen o mal gusto ¿acaso quien decide? Lo que es lindo para alguien rechaza en algún otro. Pero hay verdades bellas, universales como la honestidad y la franqueza, tipos que gustan a la mayoría, códigos éticos que sabemos ciertos acá y en la china. Diferencio entonces, entre aquellas personas cuya libertad no tiene fronteras pero respetan esas pautas, y seres opacos que agreden con sus vocablos, imágenes, doble discurso, o sugerencias.

La angustia no nos mata; son nuestras acciones para no afrontar el dolor las que nos debilitan hasta el quiebre.

Lo que decimos no tiene rigor ante lo que hacemos, hay acciones que dan cátedra.

Para que la culpa sirva de algo debe trabajársela antes.

No nos dolamos porque no nos responden como esperamos, somos responsables, capaces de percibir quién es el otro. Sabemos que algunos se mueven dentro de la perversión como pez en el agua, entablando relaciones dispuestos a ser injustos.

La ética border line impera; más vale trabajemos en nosotros para jugar por placer y no por necesidad.

“Que derecho tengo yo a la desdicha, en cualquier momento sucede esa cosa rarísima; la muerte y una nueva aventura está esperándome”.

                                    Jorge Luis Borges

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