Por la licenciada Sandra Ojman Psicóloga M.N. 12406

Parece que nos hubiéramos sumergido en el túnel del tiempo y fuéramos extras de una película de la década de 1950, en algún estado sureño de los Estados Unidos. Pero despertamos y nos encontramos que el set no es otro que nuestra Ciudad Pueblo, y no se trata de una película, sino de un drama social que toma distintas formas, pero que siempre tiene su anclaje en la ignorancia, que se expresa en discriminación.

En este caso son las auxiliares domésticas en Mary Go, en otros son alumnos que no son “populares”, en otros son adolescentes con determinada orientación sexual, en otros son extranjeros con un acento particular, en otros es un color de piel o religión, para otros es simplemente alguien distinto.

Pero siempre hablamos de “mayorías” que están dispuestas a señalar con el dedo a una “minoría”. Que creen que están en uso de una verdad superior. Eso hace casi ochenta años constituyó el inicio del Holocausto. No tenemos capacidad de aprendizaje social ni individual si siempre volvemos al mismo lugar, si siempre tropezamos con la misma piedra.

Me pregunto si cada uno de los peticionantes de semejante atrocidad se ha puesto a pensar cuántas minorías él mismo o ella misma integra. Con qué facilidad o con qué simple golpe del destino mañana podría estar en ese mismo lugar de discriminación, transformándose repentinamente en víctima.

Cuando tomo conciencia de que cada uno de esos adultos son a su vez gestores de familia, educan a sus hijos en esos valores discordantes con una profunda indiferencia social, carentes de empatía, eso me alarma por un lado y por otro explica las graves problemáticas que se viven en los colegios con el bullying. Quien piense que una cosa nada tiene que ver con la otra está equivocado.

Es extraño que hoy, a finales de 2018, continúe siendo necesario bucear en esta frase de Martín Niemoller (1892-1984).

“Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.”

A diferencia de otras tantas veces, la pasividad y la contemplación, mientras estas cosas ocurren, no es una posibilidad; somos ciudadanos además de vecinos. Y como tales no nos merecemos seguir ocupando las noticias con historias que siempre muestran nuestro costado más oscuro, no somos eso. Lamentablemente son parte de nuestra sociedad, pero no nos representan.

Las voces de los miles de vecinos que vivimos en Nordelta y pensamos de otra manera no es siempre escuchada y no llega a la primera plana de los medios. Es probable que debamos cambiar nuestro modo de hacernos escuchar, de participar, de actuar. No podemos convalidad esta forma de ejercer la violencia, ni callar.

“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda” (Martin L. King).

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