Por el rabino Baruj Hagman, director de J.C.C. Jabad Nordelta

Sabemos la importancia de vivir en comunidad. De hecho, la necesidad de interactuar con otras personas reside en lo más profundo del corazón del hombre. Sin embargo, más allá de las ventajas naturales de ser parte de una sociedad (tales como poder compartir nuestras vivencias, sentirnos asociados a algo más grande que nosotros mismos y tener el respaldo apropiado para enfrentar los desafíos diarios), el hecho de formar parte de una sociedad también nos ofrece la oportunidad de sacar nuestro potencial interior.

En la Sabiduría de la Cabalá aparece la siguiente expresión: “Un metal afila a otro metal”. La idea es que, así como un metal adquiere su filo de otro, también las interacciones entre una persona y otra son las que permiten que el filo, es decir, el potencial interior, se manifieste.

Hay un versículo que declara: “Daaga beLev Ish Yasijena”: “Si existe una preocupación en el corazón del hombre, que hable sobre ella”, es decir que la Torá nos exhorta a que exterioricemos nuestras preocupaciones. No debemos menospreciar el efecto curativo de hablar, de sacar afuera aquello que nos roba la calma. Si bien puede resultar un poco incómodo y generarnos cierto grado de vulnerabilidad, debemos saber que cuando tenemos el coraje de conversar sobre nuestros desafíos, eso nos permite despegarnos de ellos reconociendo que nuestra identidad no se define por las debilidades que poseemos.

Hablar sobre lo que nos molesta nos permite distanciarnos de los elementos indeseables, para así desvincularnos del problema y volvernos parte de la solución, tornándonos verdaderamente libres, en todo el sentido de la palabra.

Adaptado por Moisés Waisberg

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