San Patricio nació en el año 386, en Kilpatrick, Escocia. Se lo considera el santo patrono de Irlanda, y apóstol nacional, a quien se atribuye el haber extendido el cristianismo en dicho país.

Nacido de una familia que pertenecía a la iglesia cristiano-romana, a los 16 años, piratas irlandeses lo tomaron como prisionero y lo vendieron como esclavo. Pasó seis años en Irlanda, donde aprendió a hablar el idioma celta. Luego consiguió fugarse y se marchó a Francia para prepararse para la vida monástica, en donde se ordenó sacerdote.

Se dice que a los 46 años decidió volver por voluntad propia a Irlanda para poder evangelizar a sus habitantes, sin alterar las tradiciones y creencias que los druidas y los celtas (poblaciones nativas) tenían hasta ese momento. Otros dicen que volvió por orden del Papa de aquel momento, Celestino I. Allí permaneció casi tres décadas.

Cuenta la tradición que San Patricio usó el trébol de tres hojas como metáfora para explicar el concepto de la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Luego pasó a ser un símbolo de la Iglesia de Irlanda.

Con él también se comenzó a simbolizar el cristianismo con la cruz celta. La circunferencia que rodea la cruz la divide en cuatro partes. Estas representaban para el pueblo celta la fuente de la vida, los cuatro elementos: Dagda (agua), Lugh (aire), Nuada (fuego) y L’a Fáil (tierra). Asimismo se dice que San Patricio estableció en la cruz la representación del sol y la luna.

Junto con el santo, otra imagen importante de esta festividad son los Leprachaun, pequeños duendes que adoptan la forma de hombres viejos, que hacen travesuras y se dedican a fabricar o arreglar zapatos. Se dice que son muy ricos y custodian calderos llenos de oro y otros tesoros que fueron enterradas en periodos de guerra.

San Patricio falleció el 17 de marzo de 461, día en que se lo conmemora. Todos los años se celebra en Dublín “St. Patrick’s Festival”, en donde personas de todo el mundo se reúnen para idolatrar al patrono y homenajear las costumbres irlandesas. Es habitual vestirse de verde e incluso teñir de este color la cerveza en honor a Irlanda, también llamada la «Isla Esmeralda».

Durante la mayor parte del siglo XX, el día de San Patricio se consideraba una fiesta estrictamente religiosa, lo que significaba que los pubs estaban cerrados ese día, con lo que no había ni cerveza ni ningún tipo de excesos. Desde 1970, la ley que prohibía la bebida se anuló, y comenzó a tomarse alcohol en las calles.

Con el tiempo, el festival pasó de celebrarse en un solo día a extenderse a varios días consecutivos. Y no sólo sucede en Dublín, sino también en otras ciudades en donde hubo grandes oleadas de inmigrantes irlandeses: Boston, Sydney, Londres o Buenos Aires, donde todos los bares y cerveceros abren sus puertas con propuestas gastronómicas y musicales.

Emilia Chávez

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