Por René Llapur

María, la dueña de un local

María es una mujer que ha trabajado desde muy joven en el negocio de sus padres. Nunca se ha planteado trabajar fuera del mismo. Luego de la jubilación de sus padres, es la encargada de sacar adelante el negocio.

Así como María, existen en nuestro país muchísimos negocios, de trabajo, de dirección o de propiedad familiar. Algunos son más importantes y otros no tanto. Los mismos generan un 60 al 70 % de los puestos de trabajo, representan más del 50% del PBI nacional y el 75% del número de unidades económicas (productivas y comerciales).

Los temas principales de las Empresas Familiares

La comunicación (buena o mala), el altísimo índice de mortandad y la sucesión son algunos de los principales temas de las empresas familiares.

¿Por qué decimos esto? Porque solo tres de cada diez empresas familiares solamente llegan a la segunda generación y 1,5 empresas llegan a la tercera generación. La mayoría de las empresas familiares que no continúan siendo tales se mueren por fallas en la comunicación, por intromisión desmedida de la familia (a veces de la familia política) y no por el negocio propiamente dicho. Como resultado de ello, puede ser que se vendan o se mal vendan o se funden.

¿Trabajar en el negocio familiar es un derecho, una obligación o bien una oportunidad?

Para el fundador, puede ser muy estimulante y una tentación muy grande el deseo de que sus hijos trabajen en el negocio familiar. Sin embargo, no conviene imponer esta decisión. Tarde o temprano, esto fracasa. Es muy importante invitar y no imponer a los miembros de la familia a participar del negocio familiar. Caso contrario, quien se sienta obligado, no estará motivado para dar lo mejor de sí mismo y no aportará valor al negocio.

Asignar roles y responsabilidades diferentes

Es altamente conveniente determinar los roles y las responsabilidades de cada uno de los familiares miembros de la empresa. En caso contrario la empresa pierde competitividad y la informalidad y la improvisación prevalecen por sobre la eficiencia.

¿Qué pasa con las familias o parejas que tienen un negocio y que no se comunican?

Todos nos comunicamos, no es posible no comunicarse. El hecho de no hablar o no contestar un llamado o WhatsApp es una forma de decir algo. Lo que no se dice con palabras se dice con gestos, con el cuerpo, a veces con malestares. No hemos sido educados para comunicarnos y negociar en buenos términos. Si lo fuéramos, por ejemplo, una negociación en una pareja o entre hermanos podría ser esperable o más saludable. Tendemos a pensar que negociación es una mala palabra, que implica ganar algo a costa del otro. Sin embargo, las negociaciones son inevitables en la vida. Diariamente negociamos (horarios, permisos, aumentos de sueldo, etc.) con nuestra pareja, hijos, jefes, etc. Luego de una negociación de buena fe, ambas partes pueden quedar bien paradas y con una relación más fortalecida. Esto no es fácil pero es muy necesario.

Al final del día, ¿quién prevalece: la empresa o la familia?

En general lo más conveniente suele ser más empresa y menos familia, para que la primera se desarrolle con más tranquilidad y con menos estorbos por parte de la familia y de la familia política. Igualmente, es necesario tener en cuenta a los miembros de la familia que no trabajan en la misma, porque el día de mañana pueden ser propietarios. Y ello requiere formación. No se aprende de un día para el otro a ser dueño, como por arte de magia.

¡Qué difícil se hace a veces trabajar con la familia!

Trabajar con la familia nos enfrenta al desafío de integrar y de no dejar de lado, aunque sea de alguna manera, a la familia política. ¿Para qué? Para evitar que ésta última estorbe a la empresa, ésta puede dar algún tipo de información a la familia política, aunque sea en forma muy básica, acerca de un panorama general de los objetivos de la empresa. Así, se pueden neutralizar los fantasmas que siempre giran alrededor de los familiares políticos.

Puede ser difícil trabajar con los parientes, pero también puede ser una buena oportunidad para desarrollarse y aportar valor al negocio.

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