Por Lic. Sandra Ojman – Psicóloga M.N. 12406 

La ansiedad es una emoción, como también lo es el miedo, la alegría o la sorpresa.

Es una emoción que se expresa como una alerta casi natural a los estímulos que recibimos. Se manifiesta cuando percibimos riesgo o amenaza en nuestro entorno, puede ser un riesgo físico o emocional. La ansiedad es un modo de prender una alerta ante la incertidumbre.

¿Cuándo devine en un problema? Cuando esa respuesta natural se torna desproporcionada, excesiva, se prolonga en el tiempo y se transforma paulatinamente en un obstáculo para desarrollar nuestra vida cotidiana. Cuando detectamos síntomas y huellas en nuestro cuerpo, en nuestro organismo. 

La ansiedad se manifiesta de diferentes formas. 

En ocasiones, el pensamiento se torna recurrente, persistente sobre determinados temas, los temores o preocupaciones no se alejan de nuestra cabeza. Expresamos angustia, temor, irritabilidad o tristeza y no podemos entender o encontrar el origen de esas sensaciones.

Estos hechos se acompañan de algunas conductas evitativas, simplemente no podemos concurrir a los lugares que solíamos ir. Hacemos cosas que antes no hacíamos como mordernos las uñas, aparecen algunos tics o comportamientos compulsivos que antes no teníamos, transpiramos en exceso o tenemos palpitaciones. 

No podemos hacer las cosas que siempre nos daban placer y podíamos disfrutar, y nos alejamos poco a poco de todo lo que nos rodea. 

Siempre es necesario un diagnóstico médico que evalúe el origen de estas manifestaciones clínicas aun cuando sepamos o intuyamos que es un cuadro de ansiedad.

La ansiedad toma distintas formas o modos más o menos agudos, más o menos graves. No es lo mismo temores y miedos que fobias. No tener ganas de salir de casa o tener una sensación de no poder salir de casa. 

En cuanto pensamos en el origen, o nos preguntamos cuándo empezó todo, debemos buscar si no existió un episodio en particular o una situación que haya sido vivida de manera muy extrema. Un robo violento, un accidente de auto, la pérdida de un ser querido, la pérdida de trabajo, un divorcio o separación. Eso es lo que conocemos con el nombre de estrés post traumático. Se trata de un hecho puntual o específico que atraviesa disruptivamente la vida de una persona.

Al momento de tener que trabajar o estudiar, también vemos reflejado cómo se manifiesta la ansiedad excesiva, nos cuesta concentrarnos, siempre tenemos una sensación de cansancio extremo, irritabilidad e incluso puede afectar nuestras relaciones, puede haber disfunciones sexuales, tanto anorgasmia como problemas para lograr una erección. Trastornos para conciliar el sueño o bien despertarse en medio de la noche y no poder volver a dormir.

Muchos de los síntomas pueden ser ocasionales, no hay que confundir un caso agudo de estrés o de ansiedad con una mala semana en el trabajo o un problema puntual que nos quita el sueño. Siempre que aparecen síntomas tan fuertes y no se resuelven de manera espontánea, es necesario hacer una primera consulta. 

¿Cómo lograr evitar cuadros de ansiedad, cuando las rutinas y la vida nos pone exigencias tan altas y vivimos con tanto estrés?

Siempre es importante que las situaciones que “hay que hacer” se puedan balancear con momentos de disfrute y de placer, que no necesariamente requieren de inversión o de disponibilidad de recursos. Cada uno de nosotros puede bucear internamente y encontrar esos momentos o instantes especiales que deseamos y que nos hacen bien.

Disponer 20 minutos para leer una novela, poder contemplar el agua, escuchar música en soledad, o tomar algo con un amigo, pueden darnos ese “momento” que nos balancee la jornada.

Buscar la llave que nos abra el camino para poder comprender qué nos está pasando.

Si descartamos que haya existido una situación traumática específica, pensemos en situaciones intimidantes, si estamos expuestos a agresiones físicas o emocionales.

Si estamos en una relación tensa, en si hay situaciones familiares muy agobiantes.

Si padecemos problemas continuos en nuestro lugar de trabajo, estudio o nos enfrentamos a situaciones que no estamos pudiendo manejar.

Si estamos haciendo más cosas de las que podemos abarcar, si no disponemos de tiempo para dormir adecuadamente, para relajarnos o para comer en horario, con regularidad.

Deberíamos pensar los cambios a los que nos enfrentamos a diario como retos, no como obstáculos.

Tratemos de separar lo que es circunstancial, como una demora del tráfico, de los que es realmente importante.

Focalizar los esfuerzos con intención de obtener buenos resultados, evitar pensamientos pesimistas o trágicos de manera anticipada o permanente.

Resolver uno a uno los problemas, no podemos pretender resolver todo al mismo tiempo. 

Buscar apoyo en la familia, en referentes a los que valoramos, en amigos. Siempre podemos buscar o identificar a alguien de nuestro entorno para poder compartir lo que nos está pasando. Hablar nos ayuda mucho y nos alivia.

Tratar de organizar el día. Evitar situaciones de caos.

Pensar que algunas circunstancias que vivimos son crisis de cambio, crisis vitales, pero no necesariamente son un problema.

Siempre, hacer un diagnóstico que nos permita identificar el origen de los trastornos físicos y de salud que experimentamos. Una vez diagnosticado como un cuadro de ansiedad, podemos recurrir a la psicoterapia que resulta una ayuda válida para abordar esta problemática y poder de a poco ir recuperando nuestra vida con naturalidad. Un trabajo interdisciplinario entre médico y psicólogo es ideal para poder mirar al paciente de manera integral.

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