¿Qué son los germinados?

Cuando ponemos semillas en contacto con agua, aire o calor éstas empiezan a brotar. Cuando esto sucede vemos como en la imagen superior, un pequeño tallo y una hoja empiezan a crecer y si dejásemos que se desarrollase completamente, se convertiría en una planta dando los frutos y semillas para volver a germinar.

En primer lugar, hay que considerar que según lo que hagamos con los granos y las semillas, su valor nutritivo aumentará o disminuirá. Por ejemplo, el grano molido divide por diez sus propiedades, mientras que si estas germinan, su valor alimenticio puede llegar a multiplicarse por diez y en algunos casos hasta por cien.

La germinación es más conocida a nivel industrial, sobre todo en la producción de bebidas como cerveza, café malta o whisky. Los de consumo personal no pueden industrializarse a gran escala impulsando a la producción casera o artesanal, lo cual garantiza autenticidad y menor grado de artificialización. Por está razón, se consideran alimentos poco contaminados dado que el proceso solo sucede cuando están sanos – a cierto nivel de degeneración, las plantas dejan de ser capaces de reproducirse.  

Cualquier semilla, sea de la planta que sea, si está viva germinará en las condiciones adecuadas. Desde el punto de vista nutricional, si la misma contiene un 13% de proteína, tras la germinación, se transforma y adquiere una composición con un porcentaje superior al doble. Pero eso no es todo, y es que estas proteínas son más asimilables que las de la semilla seca. Así mismo, son ricos en calcio, potasio, magnesio, hierro, selenio y zinc. Tomemos el desarollo de la vitamina C; de valor 0 en su estado seco, pasa a 8 mg tras 24 horas, 12 mg tras 48 horas y 14 mg tras 72 horas. Es decir, la riqueza nutritiva y energética es absoluta, de allí la importancia de consumir los brotes en el momento justo.

Es posible germinar una multitud de semillas y también encontrar muchas de ellas a la venta como alfalfa, cebolla, fenogreco, lentejas, soja, rabanitos, zanahoria, remolacha, hinojo, trigo, garbanzos y más. En la cocina pueden formar parte de diferentes platos como ensaladas, tortillas, sandwiches, revueltos, etc. Lo mejor es comerlas en crudo y al mezclar varios tipos, se logran nuevos sabores y colores que se complementan también nutricionalmente.

¿Cómo hacerlo en casa?

  1. Poner en remojo las semillas en un frasco (de vidrio y de boca ancha) para cubrir con una gasa sujeta por una goma elástica. Las semillas (de buena calidad) no deben estar tostadas ni congeladas. El tiempo de remojo oscila entre 8 a 15 horas dependiendo de la dureza de la semilla.
  2. Pasado el tiempo de remojo, se retira el agua y se enjuagan las semillas.
  3. El frasco se deja en un ambiente cálido y oscuro. El mismo debe estar inclinado a 45 grados para facilitar la caída del agua – es importante mantener las semillas húmedas para evitar la aparición de hongos y moho.
  4. Dos o tres veces al día enjuagar los granos escurriéndolos y colocando el frasco de nuevo boca abajo. Esto debe hacerse entre 2 a 5 días hasta que comienzan a verse los primeros brotes.
  5. Una vez que los brotes tengan 2 a 3 cm de largo, exponer de manera indirecta a la luz solar durante unas 2 horas. La clorofila les da a las hojas el color verde.
  6. Terminado el proceso, los brotes se pueden guardar en la heladera (bien escurridos y secos) se conservarán sin problema durante una semana.

En síntesis, incluir germinados en la dieta diaria aumenta la dosis de vitaminas, minerales, antioxidantes y enzimas digestivas a un bajo costo ambiental. Sin duda alguna, son el mejor método cuando nuestro organismo quiere obtener energía vital concentrada. 

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