Por Flavia Tomaello 

El espacio digital es, para muchos adultos, el sitio donde se sienten analfabetos frente a la velocidad con la que sus hijos interactúan. Los mayores llegan a las nuevas tendencias cuando ya han pasado o cuando los niños ya tienen dominio absoluto de la herramienta. En particular los más jóvenes suelen no ver el peligro o confían en que terceros obran de buena fe o con la verdad. ¿Qué hacer? Veamos…

No prohibir totalmente. Los hijos necesariamente se desarrollarán en un mundo con tecnología, de modo que parte de la construcción personal radica en saber manejarse en ese universo.

Abrir el diálogo. Advertir sobre los peligros existentes en la red. Pueden ser tan serios y graves como los del mundo real. Quitar la idea de que lo que se hace en Internet es inofensivo, que los contenidos sólo los leen las personas que uno desea… enseñarles a reconocer que el mundo virtual no es fantasía, sino que existe en otro nivel, con el mismo rango de riesgo que el real. Ayudarlos a asumir la idea de que no debe hacerse nada en el universo digital que no realicen fuera de él.

Hacer uso público de los dispositivos y, en lo posible, que sea compartido. Esto permite el control permanente y siempre está a la mano para visualizar qué se está consultando. Limitar su uso a no más de 2 horas de pantallas al día.

Las contraseñas de los hijos siempre deben ser compartidas con los padres o con adultos responsables.

Dejar claramente establecido que no deben compartirse nunca nombre completo, el domicilio y el teléfono.  Tampoco datos de referencia personal para con personas que no conozcan personalmente. Entre ellos cantidad de hermanos y sus nombres, nombres de los padres, rutinas de la casa, los datos de las personas que ayuden en el hogar, particularidades como clases especiales o cursos que desarrollen los integrantes de la familia, ausencias temporarias o vacaciones.

Los hijos no deben llenar ninguna planilla o solicitud sin presencia de un adulto autorizado para ello.

Informarse sobre software que ayude a filtrar y bloquear contenidos no deseados.

Aunque moleste, los padres siempre deben ser amigos de sus hijos en las redes sociales.

Ante de tomar decisiones, es aconsejable que los padres investiguen qué recomendaciones etarias tienen cada una de las soluciones o plataformas antes de autorizarlas a sus hijos.

También es apropiado que se asesoren con el hacer de otros padres de su comunidad y de su escuela. Conocer el escenario sobre el que se moverán sus hijos (aún que como papás no lo compartan, ni lo permitan).

Nativos responsables

Más allá de cuidar las gestiones digitales de los padres para la protección de sus hijos, como en el resto de las cuestiones de la crianza, en esta materia también es preciso generar autonomía. Bajo ese concepto, crear internautas sólidos, que sepan sus derechos, los hagan respetar, conozcan los peligros y desarrollen una correcta netiquet. Para ello bastarán, además de la presencia y el diálogo constante de los adultos, una serie de recomendaciones básicas que los propios niños/jóvenes pueden poner en práctica, a saber:

– Mantener buena educación en la vida digital.

– Los que no es correcto en la vida real, tampoco lo es en Internet. Nada cambia.

– Ante un mensaje inapropiado o un chat incómodo, cortar la conexión de inmediato sin seguir participando. Recurrir a un tercero (adulto o mayor) que pueda dar una mirada a lo sucedido.

– Terminantemente prohibido indicar datos personales en la red del mismo modo que uno no va por la calle con un cartel que tiene su domicilio.

– Al aparecer cualquier situación que resulte incómoda, siempre es mejor compartirla con un adulto.

– Internet o las redes sociales, el chat o los teléfonos móviles no son más seguros que la calle céntrica de una ciudad.

– A cualquiera que sea hostil es preciso advertirle que está cometiendo un delito.

– No desmerecer ninguna situación por el hecho de que se dé en la red.

Contacto: 

@flavia.tomaello

 

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