The kids love it. Teenagers love it. Adults love it. Toy Storyvolvió después de casi diez años con una historia completamente distinta a las demás. Si lloramos con la tercera entrega, esta vez vamos a reflexionar y pensar en el sentido último de la vida. (Sí. Con una película “infantil”).

La historia presenta varios nuevos personajes, como Forky, interpretado por Tony Hale, – un tenedor-cuchara con problemas de autoestima – la creación de Bonnie, quien es la nueva dueña de los juguetes del ya crecido Andy; y otros como Ducky y Bunny, con las voces del gran dúo Jordan Peele y Keegan-Michael Key.

Forky testarudamente no entiende (y no quiere) ser un juguete como los demás, lo que fuerza a Woody (Tom Hanks) a ponerse en una situación de niñera tratando de explicarle que ahora tiene la obligación de hacer feliz a una niña, mientras sufre una crisis existencial: cuál es su propósito como muñeco.

Otras figuras de las películas anteriores vuelven para retomar el relato y otorgarle fuerza a la acción como Bo Peep, el viejo amor de Woody, convertida en una Jane de la selva, sin perder el estilo campesino y con una libertad alarmante con la que recorre el mundo junto a su séquito de “juguetes perdidos”. Algo interesante es el papel de Buzz Lightyear (Tim Allen), favorito de varios, quien queda en un segundo plano en toda la trama.

Desde 1995, el emblemático grupo sufrió transformaciones internas y adiciones de miembros en la pandilla, pasando por diferentes episodios que pusieron a prueba su lealtad, no sólo entre ellos sino también con sus “niños”. Pero en esta edición los deseos se confunden con los valores, aunque no voy a decir cuál gana.

Josh Cooley estrenó su dirección y le dio un toque conclusivo distinto, pero bien logrado a esta inigualable franquicia (sin mal uso del término inigualable, porque lo es) que cumplió dos décadas y un poco más. Claramente se la ve con ojos de niño y ablanda hasta al padre con el semblante más quieto.

La comicidad inocente mezclada con chistes maduros es lo que tenemos que agradecer que no se perdió desde el primer momento. Toy Storyes un film con el que gente de todas las edades se puede sentir identificada, lo que hace que esta saga nunca pierda las ganas del público de seguir viéndola y apoyándola.

Sin duda es una tierna pero profunda, dulce pero nostálgica manera de finalizar algo tan exitoso como todo lo que fue esta victoria fruto de Disney-Pixar. El alcance que generó desde la primera película ¡a mitad de los noventa!, con la segunda en 1999, la tercera más de una década después y ahora la cuarta va a ser difícil de comparar y más de empatar.

En su fecha de estreno, el jueves 20 de junio, más de 417.000 espectadores fueron al cine a verla, batiendo el record de la película más vista en las salas en Argentina. Anteriormente tenía el puesto Avengers: Endgame, con un número mayor a 314.000. ¿Se podrá superar esa marca nuevamente?

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