A los 18 años les dijo a sus padres que quería irse a estudiar fuera del país y la apoyaron. No es el primer caso dentro de sociedades cerradas, con valores extremos y exigencias demoledoras para quien no alcanza los parámetros mínimos aceptables. Los verdugos suelen ser la publicidad, la competencia y el consumo desmedido de estética. Las flores exóticas poseen una belleza salvaje capaz de despertar el temor del ignorante.

Cuando comenzó su escolaridad tenía la autoestima lastimada. “Yo era la gorda del grupo. Luego se sumó mi nariz. Jamás se me hubiera ocurrido que estaba mal ni había tenido problemas con mi cara. Era gordita, grandota, pero estaba dentro de lo saludable”, se define desde un comienzo.

Lulu, fuiste mi alumna desde chiquita y siempre tuviste un cuerpo espectacular, algo encorvado como ocurre con todas las adolescentes altas, y una capacidad histriónica que resaltaba.

Escondía mis miedos. Todos me decían que a los chicos no les gustaban las grandotas. Me acostumbré a la suma de comentarios al final del día. Tenía pocas amigas y cuando llegaba mi madre me encontraba llorando.

¿Qué te decían tus padres?

Me contenían explicándome que ellos eran los que tenían el problema porque proyectaban sus inseguridades. Si me iba del colegio me iba a privar de esa buena educación. Me aseguraron que juntos íbamos a poder superarlo. No me sacaron las papas del fuego, y hoy veo que hicieron bien. Debe haber sido difícil para ellos. Tampoco me sentía cómoda con mi personalidad. Era “como muy loca”. Simplemente era divertida, pero al expresarme aparecía la censura de la desaprobación y, lo peor de todo, la impronta que deja hacer el ridículo.

¡Cómo aguantaste sin enfermarte, Lu! Eso marca la tela de tu ser.

La pasé mal hasta quinto grado, que apareció una profesora de Drama. Me costaban todas las materias académicas: Matemática e Historia eran las peores y aunque quería aprender y me dedicaba no lo lograba. Por eso fue tan placentero lo que sucedió con la profesora Marina de las Carreras: ¡al fin estaba teniendo ganas y facilidad!

¿Y cómo continuaste?

De ahí en más comencé a tomar clases de comedia musical y drama, e hice teatro con Celina Parodi y Lucia Maciel. El mindfullness me ayudó mucho también. Fui afortunada de tener los medios como para hacerlo y a los 17 me fui a vivir sola a Nueva York. Enseguida respiré una sociedad que me incluía. Era bueno sentirme bien.

¿Cómo fue la despedida?

Me costó alejarme de mi familia y de mis amigos, pero extrañaba sin dolor. Ingresé en el New York Conservatory for Dramatic Arts y ahora puedo elegir lo que quiero. Me inicié en la admiración por la diversidad cultural. Descubrí mi fuerza en esa soledad.

Lulu empezó a trabajar en mayo, y ya participó de cinco cortometrajes (URP, Georgica, Occupied, The Decades, The Ce- rise Effect; miniseries, tres obras de teatro y skectch (doce Angry Women, A Sketch of New York, The Sketch Show). Sigue for- mándose tomando clases de Meisner con James Price en el Ac- ting Studio, Clases de Ballet y Canto. Por ahora no vuelve.

CONTACTO:

Web: lucianavirasoro.com

Instagram: @luluvirasoro

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