Luego de mucho leer, estudiar y analizar se puede entender que la vida en la Tierra continuará hasta que desaparezca el Sol, cuando se convierta en una gigante roja, o sea, algunos cuantos millones de años.

La vida en la Tierra siguió a pesar de la Era del Hielo, a pesar del meteorito que terminó con la existencia de los dinosaurios y por ahí vamos. La vida siguió y va a seguir a su manera, mutando, cambiando, adaptándose, reacomodándose de acuerdo con los diferentes avatares. ¿Tendremos los seres humanos esa capacidad para adaptarnos?

Lo que está ocurriendo con la vida de los seres vivos es tan triste como desafiante. Aún no somos conscientes de lo que estamos haciendo como especie. El ambiente no es lo suficientemente tentador para captar la atención de la humanidad. Aún pecamos de ignorantes.

Estamos consumiendo por demás lo que nos proporciona la vida, y eso es la naturaleza. Esto es como una caja de ahorro: si sacamos más dinero del que colocamos, quebramos. Lo mismo pasa con el ambiente: si usamos más materia prima de la que devolvemos en términos de cuidado o reparación, el sistema quiebra; el ecosistema colapsa.

La buena noticia es que la naturaleza nos proporciona todos los alimentos que precisamos, toda la materia prima para poder vestirnos, vestir nuestros hogares, equipar nuestras oficinas con todas las energías existentes. La triste noticia es que no lo hacemos de manera sustentable.

¿Qué podemos hacer?

Dejar de consumir bolsas de plástico. La ley 13.868 las prohíbe, pero ¿qué hacemos nosotros y los comercios? No cumplimos la ley y las seguimos exigiendo, pero queremos que nuestros lugares de descanso tengan mucho verde. Deberíamos ser más coherentes. Tenemos además excelentes leyes para proteger el medioambiente y protegernos a nosotros, pero las leyes no se cumplen y tampoco existe una autoridad gubernamental que lo exija.

Entonces, como diría mi abuela, “tenemos que tomar el toro por las astas” y por eso mi insistencia en elevar nuestra conciencia y hacer lo que habría que hacer en nuestro metro cuadrado por el solo hecho de dejar de robarles el futuro a nuestros hijos. Asumirnos responsables de una vez por todas y dejar de buscar culpables.

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