Si buscaban algo de acción, el primer spin-off de Rápidos y Furiosos puede llegar a ser para ustedes.

La novena entrega de la saga presentan al ya famoso Luke Hobbs (Dwayne Johnson) y a Deckard Shaw (Jason Statham), un espía inglés poco amistoso que conocimos en el séptimo film, en una misión que une a los dos agentes, quienes no se llevan del todo bien. Ambos deben encontrar el virus fabricado por un científico ruso: el Copo de Nieve, portado por un personaje algo inesperado.

Se presentaron varios comentarios acerca de la química entre los actores, discutiendo si podía ser real la mala convivencia que se observa también entre los personajes de la película, siendo en este caso la médula del humor y el sarcasmo. Mas “The Rock” aseguró que era sólo para las cámaras, y agregó que hasta él mismo le sugirió a Statham algunos insultos y líneas improvisadas.

Quien se llevó toda la película fue Idris Elba, interpretando al antagonista mitad robot, mitad humano Brixton, un invencible mercenario al cual no le importa nada más que su propósito final: mejorar la raza humana. Equipado con lo último y mejor de la tecnología, acompañado por una moto que, al parecer, llega cuando se la necesita sin tener que ser llamada y con un acento británico que capta la atención de cualquiera, Brixton sin duda despierta el deseo de pertenecer, por una vez en la vida, al bando del enemigo.

Siendo una película taquillera más, es lo suficientemente entretenida para aquellos que disfrutan de escuchar motores a todo trapo, ver explosiones de dimensiones inimaginables y sentir la adrenalina de momentos por los que nunca vamos a pasar.

Entre luchas armadas y cuerpo a cuerpo, ciborg-asesinos, las causas del bien y el mal y las populares persecuciones automovilísticas, algo de la tradición rápida y furiosa fue quedando en el camino. En las entregas pasadas, las carreras ilegales y la vida nocturna de los participantes eran el eje de las historias, llevando el amor y la camaradería a nuevos niveles. En esta ocasión, yéndonos un poco de tema, salvar al mundo de los chicos malos parece ser el nuevo foco de los productores.

Un tópico igualmente explotado es el sentimiento de pertenencia a sus raíces y su cultura en el caso de Hobbs, de ascendencia samoana. Como es usual, el protagonista se alejó de su familia (por razones un poco estúpidas), pero vuelve a ella en busca de ayuda, lo que da lugar a las escenas de mayor acción y enfrentamiento del film, además de las más sentimentales.

Sin dudas vendrá una segunda parte, así que recomiendo no perderse el comienzo de una nueva etapa que parece prometedora.

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