El amor es fuerte. Nadie lo controla. El amor está siempre, en todas las cosas: en un paisaje, en el aire, en las personas, en un amanecer, en un anochecer, en el tiempo… El amor atraviesa cualquier barrera, y cualquiera que se haya enamorado sabe lo fuerte que es aquel sentimiento. Amar sin medida es inexplicable. El amor estuvo ayer, está hoy y estará mañana. El amor es eso que creemos entender, pero jamás llegamos a comprender por completo.

¿DE QUÉ SON LAS CARTAS?

Podría decir que las cartas son de amor, pero hablan de lo poco y nada que podemos decidir en nuestras vidas; de dejarnos llevar, de confiar, de no tener miedo; de lo impredecible que es el ser humano y de que la felicidad se esconde detrás de todo eso.

¿CÓMO LAS ENCONTRÁS?

De todos lados. Desde internet, libros sobre el tema, biografías que regalan alguna carta, amigos que me escriben porque encontraron alguna, y así…

¿CÓMO EMPEZASTE A INVESTIGARLAS? ¿POR QUÉ TE INTERESA?

No creo que haya un tema más interesante que el amor (en todos los sentidos). A todos nos afecta. Soñamos con controlarlo sin éxito. No sabemos nada de él, no podemos definirlo y nuestra felicidad depende de él. Claramente, no es un tema más. Por otro lado, el lado histórico y humano. Las cartas de amor nos permiten ver el lado humano de los personajes históricos. Los bajan de esos cuadros que solo juntan polvo. Si ellos disfrutaron y sufrieron el amor igual que nosotros, tan distintos no debemos ser.

LAS CARTAS MÁS IMPACTANTES

Consultado acerca de si tenía alguna carta preferida, Médici Garrot se sinceró: “Es difícil elegir una sola carta. Me acuerdo de algunas frases que se ganaron mi interés. Por ejemplo, me gusta conocer el lado celoso y débil de Napoleón ante Josefina. En ella se puede ver cómo la ironía le jugaba una mala pasada a un hombre que, habiendo conquistado toda Europa, no lograba conquistar el corazón de su amada”, destaca. Y compartió algunos fragmentos de sus cartas preferidas.

Napoleón: “No le amo, en absoluto; por el contrario, la detesto, usted es una sin importancia, desgarbada, tonta Cenicienta. Usted nunca me escribe; usted no ama a su propio marido; usted sabe qué placeres me dan sus letras, ¡pero aún así no me ha escrito seis líneas, informales, a las corridas!”.

Me gusta la simple y concisa definición de amor de Roberto Arlt: “En cuanto generosamente me tomes de las manos, todos mis temores se desvanecerán en el aire”.

Admiro la fuerza de Frida Kahlo a la hora de admitir que el amor a veces duele: “Mi amor, hoy me acordé de ti. Aunque no lo mereces, tengo que reconocer que te amo. Amor, aún te digo si quieres, regresa, que siempre te estaré esperando. Tu ausencia me mata, haces de tu recuerdo una virtud”.

 

Me encanta el amor sin edad, como el de Sarmiento y Aurelia Vélez. Una diferencia de 25 años no logró separarlos.

Sarmiento: “Mi vida futura está basada exclusivamente sobre tu solemne promesa de amarme. Necesito tus cariños, tus ideas, tus sentimientos blandos para vivir. Al partir para San Juan, te envío mil besos y te prometo eterna constancia”.

Aurelia Vélez: “Te amo con todas las timideces de una niña, y con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creí que era posible amar. He aceptado tu amor porque estoy segura de merecerlo”.

El pensamiento de Manuela Saenz para su época, el no darle importancia al qué dirán y la poesía de Simón Bolivar.

Manuela Saenz: “Dígame usted: ¿quién puede juzgarnos por amor? Todos confabulan y se unen para impedir que dos seres se amen. ¿Por qué usted y mi humilde persona no podemos amarnos? Si hemos encontrado la felicidad hay que atesorarla. Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé? Simón Bolívar: “Llegaste de improviso, como siempre. Sonriente. Notoria. Dulce. Eras tú. Te miré. Y la noche fue tuya. Toda. Mis palabras. Mis sonrisas. El viento que respiré y te enviaba en suspiros. El tiempo fue cómplice por el tiempo que alargué el discurso frente al Congreso para verte frente a mí, sin moverte, quieta, mía…”.

La humildad, la estrategia ante un posible rechazo y la sensibilidad de Cortazar. “Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil (…) que, si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. (…) Sería mucho peor disimular un aburrimiento. (…) Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver”.

Y, obviamente, hay muchas más…

¿TE SENTÍS IDENTIFICADO CON ALGUNA CARTA?

Nadie que haya experimentado el amor, aunque sea una vez, puede no sentirse identificado con todas y cada una de las que se escribieron y se escribirán en el mundo cualquiera sea la época.

Camila Iara Hess

CONTACTO:

@luismedici

mediciluisdiego@gmail.com

15 6711 8157

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