Verónica tiene 48 años y una familia que la acompaña en todo. Es madre, esposa y profesional. La carrera que llegó a su vida por casualidad, o tal vez por contrariar a sus padres, que deseaban algo más tradicional o “importante”, se convirtió en una pasión que le marca el rumbo y a la que ella desea entregarse cada vez más. De chica se recuerda retraída y complaciente; tal vez eso la guio sin darse cuenta a ayudar a ponerle vos a quien no sabe cómo decir.

SI MIRÁS ATRÁS DE TU CAMINO, ¿QUÉ VES?

En aquel entonces, la carrera tenía poca salida laboral. Kilómetros de tiempo haciendo chequeos de salud en fábricas, hospitales, consultorios y en el Servicio Nacional de Rehabilitación, más de una vez hicieron que me cuestionara, pero la tenacidad ganó. Me alentaba ayudar al otro y sentí una corazonada que me hizo anclar en la Neuropsicolingüística: ahondar las dificultades lingüísticas infantiles y acompañar a sus familias en el proceso.

¿UN ESCOLLO?

Sostener a los padres y su engorrosa lucha de trámite con prepagas y escuelas resistentes a la inclusión. Un sistema poco compasivo donde las familias tienen que hacer miles de trámites para poder acceder a una prestación para ayudarlos a comunicarse. Lo que nosotros hacemos tan fácilmente (por ejemplo, hablar), para algunos es imposible.

¿Y CÓMO TE COMUNICÁS?

Con ellos, los terapeutas optamos por sistemas alternativos de comunicación. Que un niño sea no verbal no significa que no tenga nada para decir y, cuando sucede, finalmente comienza a modificarse el entorno y los berrinches merman porque son comprendidos. En aquellos con diagnósticos poco esperanzadores, cuando logran verbalizar una sílaba, una palabra o simplemente un sonido es una instancia muy feliz. Lo vivo como un regalo. A diario practico con chicos que presentan estos desafíos: niños con dificultades neurológicas, genéticas, funcionales o emocionales. Pequeños grandes luchadores.

SI TUVIERAS QUE DECIR ALGO EN VOZ ALTA PARA QUE TODOS ESCUCHEN, ¿QUÉ DIRÍAS?

“Decí lo que sentís, no lo que querés o lo que debés sentir”. Todas las emociones son necesarias y no juzgables. Los terapeutas acompañamos a los padres a modelar el lenguaje, poder enseñar a los hijos las palabras correctas. Frases como “estoy enojado” o “angustiado” los conecta con su emoción. Lo que pasa es que para poder enseñarles debemos hacerlo con nosotros, y en ese punto a veces se complica.

¿UN REFUGIO?

Mi marido y mi hija. Maggie pasó días enteros jugando en la sala de espera con los pacientes. Sabe que todos somos importantes. Confío en que mantenga una mente abierta. Con esto quiero empujarla a correr detrás de sus sueños y que esto incluya abrazar las diferencias del otro.

¿UN MIEDO?

La desidia. Recibo fotos de los momentos importantes de mis pacientes, como un acto escolar o su cumpleaños. Temo que llegue el momento en que pierda el asombro. Veo mucho de eso alrededor. Trabajo cada día para fomentarme las ganas, rodearme de seres generosos y nutritivos con quienes compartir y no solo estar.

CONTACTO:

Instagram: Verónica Balbiani

Facebook:Fonoaudióloga Verónica Balbiani

Mail: vmbalbiani@gmail.com

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