La ciencia lo ha confirmado una y otra vez: los animales son seres sintientes en tanto que experimentan todo tipo de sensaciones, tanto placenteras como dolorosas. Gozan de inteligencia, emociones simples y complejas; miedo, amor, empatía, solidaridad, amistad, etcétera. Poseen sistemas propios de comunicación, como la ecolocalización en el caso de las ballenas o las ondas sísmicas en el de los elefantes. Cuando un elefante pisa y retumba el suelo, el resto de la manada también lo percibe. Experimentan el dolor y la tristeza ante la pérdida de un ser querido. Gustan y sienten amor por otros, como los lobos, que eligen una pareja para toda la vida. Desarrollan la noción del “yo”, de incertidumbre y de autoconciencia. Y, como toda especie, tiene un interés evolutivo: proteger la propia vida.

¿QUÉ ES EL VEGANISMO?

Es un modo de vida centrado en la idea holística de “no dañar”. De alcanzar la armonía con todos los que nos rodean, evitando el dolor y el sufrimiento animal al dejar de consumir, usar y participar de actividades que los utilicen.

Acuñado en 1944 por la Vegan Society (Sociedad Vegana) es una simbiosis de las letras de vegeterian (un tipo de dieta que remonta a la Antigua Grecia). Pero las diferencias son grandes entre ambos. El veganismo es mucho más que una dieta, es una mirada no instrumental de los animales. De esta manera, aquel que adopta esta mirada, se alimenta sin productos animales (carne, huevos, leche y miel), no utiliza vestimenta o accesorios provenientes de animales, no consume espectáculos que los exhiban o exploten, no los caza, etcétera. En el marco de una sociedad capitalista como la nuestra, resulta imposible no estar involucrado (aunque de manera involuntaria) en algún tipo de daño. No obstante, en la medida en que sea posible, se busca evitarlo. No existe el desarrollo humano con impacto ambiental cero.

Cualquier persona puede ser vegana, sea carnívoro, omnívoro o herbívoro. Como todo proceso de cambio, requiere de información. Y cuando se trata de modificar determinados hábitos alimentarios, surgen dudas, miedos y mitos. Desde que “la alimentación vegana es más cara” o “vas a vivir a base de ensalada” y el clásico (y tan temido) “¿de dónde vas a sacar las proteínas?”. Investigadores y médicos nutricionistas aseguran que una dieta vegetal bien equilibrada es factible desde el punto de vista nutricional [1]. Y además es propicia para prevenir una gran cantidad de enfermedades.

Ser vegano/a en la Argentina no es imposible. Florecen los emprendimientos con opciones alternativas (y bien ricas) de origen vegetal. En Buenos Aires hay más de sesenta restaurantes vegetarianos y veganos. La propia Casa Rosada, en julio de 2017, instaló el “Lunes vegano” o “Lunes libre de carne”. Una heladera vegana es una explosión de colores y sabores bien variados como nutritivos. Es una cuestión de organizar, experimentar y arriesgarse a nuevos ingredientes con el debido apoyo y seguimiento de un profesional médico/ nutricionista. El cambio puede ser repentino o gradual. En cualquier de los casos, que prevalezca el respeto y la tolerancia a las decisiones.

Inés Vazquez Noya

[1] La Academia Americana de Nutrición y Dietética confirmó en 2016 que “las dietas vegetarianas apropiadamente planificadas, incluyendo las dietas veganas, son saludables y nutricionalmente adecuadas para todas las etapas de la vida, incluyendo embarazo, lactancia, infancia, adolescencia, vida adulta y vejez, así como para los atletas”.

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