Durante una conversación de Coaching con un cliente, él me comentaba que quería diseñar la conversación a tener con su pareja con el objetivo de: pactar entre ellos no hablar más de trabajo una vez que llegaran a su casa (ellos trabajan juntos). Durante la sesión pudo ver qué: lo que realmente quería (su objetivo) era poder reconquistar ese espacio para poder compartir íntimamente un momento con su pareja: ver una serie, caminar, contarse cosas, etc. Extrañaba y necesitaba ese tiempo que actualmente lo estaban utilizando en temas laborales, pero nunca se lo había expresado, solo le reclamaba desde el enojo: “no hablemos más de trabajo en casa”, sin ningún” para que“. Al cambiar el objetivo, cambió la conversación y el resultado obtenido.

Muchas veces cuando hacemos un pedido o decimos lo que queremos (especialmente a nuestros seres queridos) y no obtenemos el resultado esperado, sentimos frustración, decepción, soledad, enojo, impotencia, y probablemente comencemos a buscar culpables: pensamos y sentimos que no nos entienden o no les importamos.

Pero decimos realmente qué nos pasa, qué sentimos, y ¿en qué tono, qué palabras utilizamos y con qué corporalidad hacemos nuestro pedido?, ¿colaboramos a que el otro nos comprenda, o creemos que están obligados a entendernos siempre?

Interpreto que a veces, por querer tener razón y afirmar la validez de nuestra demanda, esto nos confunde en el poder realmente expresar lo que sentimos.

Para obtener resultados necesitamos mejorar nuestra forma de comunicarnos, el único chequeo que existe sobre nuestra manera de comunicarnos es la respuesta obtenida (el resultado). Es hacernos responsables de lo que queremos y de lo que podemos hacer, los otros entienden lo que entienden y nosotros decimos lo que decimos, el único espacio donde podemos intervenir para transformar algo es nuestro espacio. Generar el contexto externo e interno que colabore con la conversación que queremos tener, mostrarle al otro que estamos sintiendo, que nos está pasando y luego enfocarnos en lo que queremos que pase. lo que NO DECIMOS, para el otro NO EXISTE y es estéril pretender que nos tiene que entender igual, por que nos quiere o tenemos una relación.

Los vínculos, como los pedidos, se construyen en apertura, desde el amor, la empatía el respeto y el reconocer al otro como un ser independiente con diferentes inquietudes y necesidades de igual valor que las nuestra.

CONTACTO:

Boulevard del mirador 220, Nordelta, Studios I ,108.

FB: Juan Martin Barbich

IG: @juanbarbich 

www.juanmbarbich.com

11 – 3569 9403 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Check Also

Ad Astra: un viaje hacia uno mismo

El hombre siempre soñó y seguirá soñando con lo que se puede encontrar fuera de su hogar, …