La segunda parte de la saga de terror cuenta el regreso del temerario payaso de las pesadillas de los niños, veintisiete años después del primer encuentro con el grupo de Los Perdedores, quienes ahora rozan los cuarenta años.

 

Mike, uno de los amigos, recluta a los demás miembros, quienes se mudaron de su pueblo de la infancia hace ya muchos años y tienen carreras y vidas exitosas. Luego de juntar a la pandilla, deben enfrentar la verdad de por qué fueron traídos hasta Derry nuevamente. Esta vez, Los Perdedores se comprometen a derrotar al payaso desde sus orígenes, para que así no vuelva a acechar Derry nunca más.

Los niños, quienes antes habían sido protagonizados por Jaeden Martell (Bill), Sophia Lillis (Beverly) Finn Wolfhard (Richie), Jack Dylan Grazer (Eddie), Jeremy Rae Taylor (Ben) y Chosen Jacobs (Mike) son ahora representados por grandísimos actores como James McAvoy, Jessica Chastain, Bill Hader, James Ransom, Jay Ryan e Isaiah Mustafa.

El film fue dirigido por Andy Muschietti, el argentino que lleva bajo su nombre también la primera entrega, quien aseguró que “es una aventura de terror, con elementos de emoción elevados”, y que la gente “se va a divertir, se va a emocionar, se va a asustar; la va a disfrutar”.

Muschietti también habló acerca de trabajar mano a mano con el mismísimo Stephen King, autor de la obra original escrita en 1986. Expresó que era “un tipo muy accesible, muy cálido”, y que fue muy abierto cuando le pidió feedback acerca de la película. No obstante, la mejor parte de todo es un secreto que se lleva a la pantalla grande, en donde Muschietti aprovechó la oportunidad e incluyó algunos guiños al público en el film.

Por supuesto, se recomienda al espectador haber visto el primer capítulo de esta historia, ya que tanto las referencias a hechos ya ocurridos como el desarrollo de cada uno de los personajes tienen mucha relación con la entrega pasada.

Pasados oscuros y rememoraciones, gritos, llantos y mucho más esperan en las salas de cine para captar la atención por, es así, casi tres horas de suspenso.

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