Había mucha expectativa antes de que se estrenara esta película, por el hecho de ver si Joaquin Phoenix podría superar la increíble actuación que le valió un Oscar post-mortem a Heath Ledger como el legendario antagonista de Batman, el Guasón.

En esta entrega el foco se coloca sobre la vida de éste personaje, un hombre de mediana edad llamado Arthur Fleck, el cual sufre de trastornos involuntarios de risa. Vive con su madre, débil, en un departamento deteriorado. Los días de Arthur se basan en fracasos, episodios de maltrato y vergüenza al frente de la sociedad. Pero tiene un sueño: ser un comediante exitoso.

El hilo de la película se inserta en la trama de lo que es el mundo de Batman, pero en la época de 1980. El Guasón tiene algunos encuentros con la familia Wayne, con un Bruce de 12 años que todavía no sabía cuál iba a ser su destino.

Joaquin Phoenix interpreta a un Guasón vulnerable, enfermo, emocional, humano. Es inevitable elogiar esta representación, siendo Phoenix un actor “de método” (que se prepara con anticipación tanto física como mentalmente para su papel) con recordados papeles en películas como Gladiator (2000), Her (2013) y You Were Never Really Here (2017).

El artista bajó más de 20 kilos, practicó su risa durante mucho tiempo luego de ver videos de gente con una rara condición y contorneó su cuerpo en inimaginables movimientos para generar una danza única y digna de uno de los personajes más desequilibrados de la historia de los cómics. Para una escena de baile en las escaleras de la ciudad, Phoenix contó en una entrevista con el entrevistador Jimmy Kimmel que recibió la pieza de música antes de realizar la toma, y se inspiró tanto que se dejó llevar.

El director del film, Todd Phillips, explicó que la idea al escribir el guion fue recopilar todos los datos que se sabían sobre el Guasón y acomodarlos de manera natural y realística en la historia, lo que fue un real desafío para su actor protagonista. Phillips también declaró que le envió el libreto a Martin Scorsese, icónico director de las obras maestras Goodfellas (1990) y Cape Fear (1991), del cual tomó inspiración de otras dos de sus grandes películas: Taxi Driver (1976) y The King Of Comedy (1982). El parecido entre estos dos films y Jokeres evidente: luces y tomas claramente inspiraron esta versión de la biografía del villano.

Otro dato interesante es la participación de Robert De Niro como Murray Franklin, el presentador favorito y héroe de Arthur. De Niro participó en las cuatro películas de Scorsese antes mencionadas, lo cual supone que era infaltable su contribución a esta oda al cine perturbador.

Cinematográficamente hablando, se lograron ambientes propios de la infame Ciudad Gótica, oscura y misteriosa como siempre lo fue. La iluminación tenue refuerza las figuras tenebrosas de los personajes y crea una sensación de inseguridad en la audiencia, así como también la banda sonora, que pone a uno en una situación incómoda en los mejores momentos de la película.

Estos elementos en suma son esenciales para la composición perfecta de un filme que seguramente formará parte de la lista de culto de aficionados (y los no tanto). Pero una advertencia: no es recomendable para el público endeble, ya que contiene escenas de fuerte violencia tanto física como psicológica. Asimismo, vale la pena ser espectador de una película de este calibre.

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