Aunque no sea tan visible, la protección solar ayuda en un montón de aspectos a la piel y al cuerpo en general. Algunas de las funciones a destacar son la minimización de los efectos en la piel, la protección contra rayos UVA y UVB (Los UVA son los más peligrosos porque penetran profundamente la piel, son culpables del envejecimiento prematuro y es la menos bloqueada por la capa de ozono), prevenir el enrojecimiento, reducir riesgo de cáncer y fotodermatosis.

Consideraciones a tener en cuenta: un buen protector solar debe tener el número de protección acompañado de las siglas SPF o FPS, que proteja de radiaciones UV, ser hipoalergénico y estable, ser resistente al agua, ser hidratante (facilita un bronceado uniforme) y tener instrucciones de uso.

No exponerse al sol con maquillaje, en verano depilarse al final del día, no realizar tratamientos dermoestéticos como peelings o luz pulsada, no colocarse productos sin receta ni consulta médica, evitar el sol entre las 10 y las 16 hs, aplicar protector 20 minutos antes de la exposición y renovarlo cada dos horas, utilizar ropa clara y liviana, sombreros de ala ancha y anteojos de sol, son algunos de los tips que recomienda la doctora para la exposición al sol.

Finalizado el día, posterior a la exposición solar, Johanna Gleiser aconseja mantener hidratada la piel tomando al menos dos litros de agua al día, complementando con cremas, geles o emulsiones hidratantes, que contengan vitaminas A, C y E, que son nutrientes y antioxidantes de y para la piel.

La protección solar debería ser uniforme en todo el cuerpo, es decir, no aplicar más producto en el rostro que en el cuerpo, que es lo que suelen hacer la mayoría de las personas. Solamente en casos particulares se requiere mayor protección en algunas zonas, como por ejemplo alguna herida, una dermatosis, rosácea o vitíligo. Cada persona es distinta y el FPS dependerá de las características de cada una de ellas, indicadas por un dermatólogo.

Existen protectores solares específicos para el rostro y otros para el cuerpo.  También los hay en crema, fluídos, en barra, compactos, despigmentados, en spray, y con efecto de toque seco que se adecúan a los tipos de piel.  Para los niños menores de 6 meses se recomienda no colocarles protección ni exponerlos al sol. Para los mayores a 6 meses, los protectores solares pediátricos con factor de protección para rayos UVB y UVA, remeras con protección solar, gorros y anteojos de sol con filtro son la mejor opción.

Los bronceadores con FPS, le da a la piel un tono estético, pero no le confiere ninguna protección de los rayos UV, por esa razón es necesario complementar con protector solar. Hay algunos bronceadores que dicen traer factor de protección, pero no hay que confiarse de eso. El autobronceante se aplica la noche anterior a la exposición solar, y durante el proceso de tomar sol, hay que renovar el protector cada dos o tres horas.

Contacto: 

info@estetiquelaser.com

Por Camila Iara Hess.

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