Por Carla Urquía – A Uno Viajes

Si estás en búsqueda de una experiencia distinta, Marruecos ofrece un abanico de posibilidades y un sinfín de experiencias que quedarán por siempre en nuestra memoria. Una gran riqueza geográfica con una enorme variedad de contrastes es una de las características que más atrae y se valora de este destino.

En la zona norte vamos a encontrar un clima más mediterráneo, donde el verano no es tan abrazador y el invierno es más fresco. La zona del centro tiene veranos bastante más calurosos con temperaturas de, aproximadamente, 38 oC. Al sur notamos el clima desértico, como consecuencia de la proximidad con el Sahara y la temperatura trepa a los 40 oC con mucha facilidad. Eso sí, con esa misma facilidad cae por las noches permitiéndonos sueños reparadores.

Habiendo tanta variedad de climas, las actividades que podemos realizar son diversas. Cada viajero es único, busca y espera distintas cosas de un viaje. Por fortuna, Marruecos nos brinda una diversidad tal en cuanto a lo que podemos hacer que difícilmente alguien pueda escapar de sus encantos.

Descubrir y descubrirse en el desierto del Sahara es realmente una experiencia única. Ya sea que lo hagamos en camello, 4×4, buggie o con una simple caminata, uno no es el mismo cuando lo vive. Esas interminables dunas doradas, esa inmensidad, ese paisaje magnífico, queda guardado en nuestra retina como una épica postal.

La experiencia de dormir en jaimas (las tiendas de campaña que se montan en medio de las dunas) es inigualable incluso para quienes no gustan de los campamentos. Es que dormir en el medio del desierto con un techo de luminosas estrellas y un marco de colosales dunas anaranjadas es un verdadero privilegio. Durante la madrugada, es muy común ver a los toureg (tribu nómada) caminando por el desierto paseando a sus rebaños de cabras aprovechando el fresco de la noche. Ser testigos del amanecer y comenzar un nuevo día con los rayos del sol bañando nuestros ojos es sencillamente espectacular. También los atardeceres son un espectáculo natural que vemos y sentimos en primera fila, sentados alrededor de un fogón con música autóctona de fondo y bebiendo una sabrosa taza de té. Algo complejo de poner en palabras pero muy fácil de sentir, vivir y disfrutar. Sobre todo esto último, que es el quid de la cuestión.

Más allá del hipnótico desierto, Marruecos tiene mucho para ofrecer. Las ciudades imperdibles son Meknes, Fez, Rabat y Marrakech. Cada una de ellas tiene una medina (antigua ciudad amurallada) que no podemos dejar de visitar con laberintos que esconden la verdadera alma marroquí: es un auténtico viaje al pasado. Los mercados o zocos con sus mareas de personas caminando, mezcla de aromas y colores, son el atractivo principal junto con los comercios que están divididos por actividades o productos. Está la zona de las sedas (¡Imperdible!), joyería, cueros, especias, alfombras y objetos de cobre. Sus costas facilitan las actividades acuáticas como el surf, windsurf, kitesurf y por qué no chapuzones amateurs para refrescarnos un poco.

La gastronomía merece un capítulo aparte

La explosión de sabores que podemos apreciar cada vez que comemos en Marruecos es una auténtica experiencia exótica. Los sabores nada tienen que ver con los que nosotros conocemos; sin embargo, son absolutamente amigables con el paladar y nos hacen disfrutar de aquello que es diferente.

Las especias son centrales en el arte culinario marroquí. Como dicen los entendidos en el tema, “la comida entra por los ojos”, y vaya si se cumple esta regla aquí. El contraste de colores y texturas genera en quién está frente a esa delicia una marea de sensaciones que se potencian cuando el primer bocado entra en contacto con nuestra boca. Allí es cuando se produce ese maravilloso estallido de sabor que mezcla especias, carnes y verduras con la misma facilidad con que un músico le pone melodía a la letra que acaba de componer.

Un plato que definitivamente no podemos dejar pasar es el tajine de cordero con legumbres y almendras. Recibe este nombre por el recipiente donde se sirve, que es una cazuela de barro con una tapa cónica. Destapar un tajine es como descubrir un tesoro: quizás no sepamos muy bien con lo que nos vamos a encontrar, pero estamos seguros de que nos va a encantar.

Alojarse en Marruecos: los riads

Una característica que tiene Marruecos son los riads, pequeños edificios con pocas habitaciones que dan alojamiento a turistas y suelen estar atendidos con la calidez que solo los dueños de casa tienen. Tal como en la hotelería, hay distintas categorías y allí radican las diferencias de servicio, calidad y el valor. Alojarse en Marruecos es una experiencia en sí misma, sobre todo cuando lo hacemos en estos riads que pueden ser auténticos palacios con patios centrales donde encontraremos aljibes, fuentes de agua y un espacio ideal para relajarnos o simplemente hacer una pausa para repasar lo que hicimos y lo que nos queda por hacer mientras degustamos una taza de té con algunos boca- dos de pan casero y nos dejamos transportar por el sonido del agua que cae de la cascada o el del viento acariciando las hojas de las palmeras y nos damos el gusto de admirar los finísimos trabajos de mosaicos que hay en las paredes de ese jardín.

Para saber… 

  • Los ciudadanos argentinos no necesitamos visado para ingresar a Marruecos.
  • Si bien está en África, no hay condiciones sanitarias especiales.
  • El deporte nacional es el “regateo”. Es casi una obligación pelear los precios de lo que vayamos a comprar.
  • La moneda oficial del país es el Dirham marroquí (MAD).
  • La religión oficial es la musulmana.
  • Hay mucha mezcla de idiomas y, sobre todo, de dialectos. El español se usa bastante en el norte del país y el inglés está muy popularizado entre las personas que trabajan con los turistas. El francés también se suele escuchar.

 

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